Con una historia personal trágica –forzada a la ablación por su abuela, exiliada política de su país por la lucha de su padre contra la dictadura de Mohamed Siad Barre–, Ayaan Hirsi Ali, después de vivir en varios países musulmanes, entre ellos Arabia Saudí, escapó de las redes familiares ante la inminente concreción de un matrimonio concertado, y pidió asilo político en Holanda, donde empezó a trabajar de intérprete en centros de acogida para inmigrantes somalíes. En este país, laico, liberal e igualitario, descubrió la prisión que su religión impone a las mujeres en aquellas regiones regidas por la sharia (ley islámica) Este despertar de la conciencia crítica se transformó en activismo político frente al mudo horror de los atentados del 11 de Septiembre, cometidos en el nombre de Alá.
Hay muchos momentos clave, pero el catalizador que me hizo reflexionar sobre el islam fue el 11 de Septiembre. Fue ver en directo por televisión los edificios cayendo y a la gente saltando por las ventanas, unido al dogma fundamental de mi religión,“Alá es el más grande”. Inmediatamente después de los ataques y cuando estuvo claro que se hicieron en nombre del islam, los líderes occidentales, como George Bush y Tony Blair, empezaron por hacer un llamamiento a los musulmanes diciendo “esto no corresponde a vuestra religión”. Pensé en ello cuando me enteré de la carta escrita por Mohamed Atta: yo no podía fingir que aquello no se hizo en nombre de mi religión, porque era coherente con muchas de las cosas que yo había visto en el islam. Lo que me pregunté fue: ¿cómo me relaciono a partir de ahora con mi religión? Y así es como empecé.
Y en su vida, ¿no hubo antes sucesos dramáticos que la distanciaron de los valores opresivos que puede entrañar su religión?
Sí, pero era flexible, pasiva. Desafié la elección de mi padre y nuestra cultura del matrimonio, pero siempre excusaba al islam, como casi todos los musulmanes. Me negaba interiormente a establecer una conexión entre las libertades que me quitaban como mujer y lo que dice el Corán. Yo era creyente. Ya en Holanda me creé unas condiciones para no tener que pensar más en la religión.
En mi país, México, hay también un debate sobre los usos y costumbres de los pueblos indígenas, y justamente la postura que hemos defendido en la revista tiene que ver con esto: que las culturas indígenas no son estáticas, han cambiado a lo largo del tiempo; pero no sólo eso, sino que los indígenas, al menos en México, lo que quieren es integrarse a la vida ciudadana para escapar de la opresión de sus costumbres que por ejemplo, en el caso del papel asignado a las mujeres es terrible
El punto de vista multiculturalista concibe a los individuos dentro de una comunidad étnica, religiosa o tribal, conservando intacto el grupo, con lo que se mutila la individualidad y se refuerza el atraso de estas culturas. En vez de convertir a los miembros de estos grupos étnicos en ciudadanos lo más pronto posible y darles los mismos derechos, empezaron a diseñar el tan cacareado multiculturalismo, para preservar todas estas culturas antiguas y tribales. Y eso no es coherente con el ser humano, con la historia, y supone para estos grupos una tragedia moderna, porque no dejan que su cultura sea dinámica nunca más. Creo que es muy cruel, muy racista, y lo que me molesta es que se hace en nombre de la compasión
Otra paradoja del multiculturalismo es que ve las culturas como si fuera un museo de etnografía: inmóviles, impermeables, aisladas, ancladas en el tiempo; y que eso nace en las universidades. ¿Cuál es su opinión de este asunto como fenómeno académico?
Muchas veces la universidad no está en contacto con el mundo real. Cuando trabajaba para el Partido Laborista, me di cuenta de que los académicos de izquierda, los que defendían con más ahínco las minorías étnicas, nunca habían conocido de cerca a ninguna, no habían vivido en sus guetos. No todos los académicos, pero muchos de los que defienden el multiculturalismo lo que hacen es escribir un libro, que es citado por un colega y reseñado por otro; a su vez, éstos escriben otro libro, y los demás lo citan y lo reseñan, y así tienes un círculo vicioso de gente que sólo habla los unos de los otros. Producen obras para el gobierno que sirven de referencia para toda la sociedad. Los académicos de las ciencias sociales, en vez de investigar a fondo por qué demonios esta gente es así, repiten una y otra vez que hay discriminación, que se les tiene odio, que han pasado por la experiencia de la guerra. Uno de los principales retos que tenemos en Occidente es reformar la universidad, porque si no, sólo servirá para entretener a los mediocres.
Dos últimas preguntas. La primera tiene que ver con cómo el antisemitismo forma parte de la vida ordinaria de la mayoría de los países islámicos. ¿Qué sintió al descubrir que los judíos habían sido las víctimas del peor crimen de la historia de la humanidad? ¿Cómo luchar contra esa locura colectiva? Y la segunda, ¿cómo se siente siendo perseguida?, ¿cómo es su vida cotidiana?, ¿cómo se plantea el futuro?
Me educaron como musulmana, y viví en Arabia Saudí cuando era muy pequeña, así que he visto de cerca ese antisemitismo, al que por supuesto no llamaba así entonces. Los judíos representaban el demonio. En aquel tiempo, los cortes de luz o de agua eran frecuentes en los sitios donde vivíamos, y recuerdo a mi madre, cada vez que se iba la luz, decir: “los judíos lo han vuelto hacer”. de que los judíos eran el sinónimo de Satán. Más tarde, en Kenia, me uní a una hermandad musulmana, y recibíamos muchas obras de catequesis de Arabia Saudí que daban rienda suelta al odio a los judíos. Cuando llegué a Holanda, tenía una idea terrible de los judíos. Y entonces empecé a leer sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre el Holocausto, siendo yo misma una refugiada. En 1993, conocí por primera vez a un judío en persona. Mi primera reacción fue pensar ¡si es un ser humano, no ninguna clase de monstruo!
¿Por qué necesita el islam pensar en los judíos como un enemigo permanente? Porque el islamismo, como muchos pensamientos totalitarios, es utópico, y necesita este tipo de teorías conspirativas para llegar a su ideal inalcanzable. Explicar por qué el islamismo es antisemita no es difícil en ese sentido
En cuanto a mi vida diaria, es muy emocionante. Me entrego plenamente a mi labor política, aunque no me gusta la parte mecánica del día a día, “esta coma debería ir aquí, esta otra, no”. A veces es cansado, los días muy largos y tengo poco tiempo para mí, estoy demasiado ocupada
Pero, ¿vivir bajo amenaza no afecta su vida cotidiana?
Sí, pero cuanto menos tiempo tienes, menos lo piensas
Ricardo Calluela Gally, Julio de 2006.
Puede consultar la entrevista completa en: http://www.letraslibres.com/index.php?art=11264


