
"Me horroriza escuchar el latido de mi corazón, que me recuerda continuamente que el tiempo de mi vida esta contado". Cuando los hombres auscultan sin temores el triste femenino de su sensibilidad aciertan a vivir con las entrañas la fuga del instante: atienden entonces a la noble víscera para oír entonar, en su propio cuerpo, la cuenta/canto del tiempo.
Otra es la experiencia de la mujer: cada desliz de arena, cada vuelta al cuadrante, cada giro de la esfera, cada tic-tac no es sino un artificio metafórico de su particular cronómetro biológico cuyo ritmo natural sólo pudo hallar paralelo adecuado en el régimen astral de las mutaciones lunares. Después de ciento veinte lunas sabe concebir; en nueve lunas da a luz, pasadas seiscientas llega a un fin que empieza a incubar otro y, en el periodo, sigue el compás de ciclos tan regulares como abreviadas pueden ser sus fases por los sucesos de la vida. El caudal de las horas, los meses y los años, trae los accidentes de una parábola regulada de antemano. El cuerpo femenino se modula sobre el canon del tiempo.
Un tiempo que irrumpe con el primer menstruo, pauta cursos y transcursos, acuna expectante durante el embarazo y emplaza, inexorable, a partir de la menopausia. El ritmo del corazón es uniforme, el de los plazos femeninos, en cambio, se mide con acentos discontinuos que van "desde ahora" hasta el "ya no más" y que pasaban, antes de la píldora, por el largo trecho de los pèriodos "permitidos" o "no permitidos" según que el permiso lo dictase la naturaleza, el deseo o la conveniencia.
Las fantasías sobre el cuerpo interior, las más intímas o genéricas, han envuelto desde siempre en deleites y tinieblas las vivencias corporales y se han filtrado en el juego de espejos de la presencia exterior; así también nos habitan fantasmas arcaicos, imágenes que han convivido con prefiguraciones, redentoras o apocalípticas, del destino del cuerpo despúes de la muerte o de su posible evolución en la odisea de la especie. Pero hoy percibimos, literalmente, ese cuerpo arcano que antes fantaseábamos, se deciden procesos biológicos que ayer estaban en manos de Dios o del destino, se conocen de antemano resultados que sòlo desvelaban su incógnita después de una maduración orgánica silenciosa. Nos vemos por adentro prevemos a voluntad. Nuestro cuerpo ya no es "ese objeto cerrado, ese vaso sellado en el cual se elabora en secreto la conservación de la vida"
Nohemí Casas Facio
Nelly Schnaith. Cuerpo de mujer. Debate feminista, México, Año 4, vol. 7, marzo 1993, pp. 103-106.



