
Como les había prometido en la publicación anterior, esta semana hablaremos de un pequeño fragmento del libro La Unión Obrera, escrito por la célebre Flora Tristán.
A las mujeres se les ha negado el derecho de participar en la vida pública. “La mujer ha sido echada de la Iglesia, de la ley y de la sociedad…El sacerdote le ha dicho: mujer, tú eres la tentación, el pecado, el mal; tú representas la carne…llora por tu condición, echa ceniza sobre tu cabeza, enciérrate en un claustro, y allí, mortifica tu corazón, que ha sido hecho para el amor, y tus entrañas de mujer, que han sido hechas para la maternidad…después, el legislador le ha dicho: mujer, por ti misma no eres nada como miembro activo del cuerpo humanitario; no puedes esperar encontrar lugar en el banquete social. Si quieres vivir, deberás servir a tu anexo a tu señor y dueño, el hombre. Por lo tanto de soltera, obedecerás a tu padre; casada, obedecerás a tu marido, viuda y anciana, no se te hará ya ningún caso. Después, el sabio filósofo le ha dicho: mujer, ha quedado constatado por la ciencia que, por tu constitución, eres inferior al hombre, no tienes inteligencia, ni comprensión para las cuestiones elevadas, ni lógica en las ideas, ninguna capacidad para las ciencias llamadas exactas, ni aptitud para los trabajos serios…eres un ser débil de cuerpo y espíritu, pusilánime, supersticiosa, durante diez o quince años de tu vida serás una graciosa muñequita, por esto mujer es necesario que el hombre sea tu dueño y tenga toda autoridad sobre ti[1].
Esta cita viene a ser la descripción concreta de la vida de Flora, describe como a través de la represión de las instituciones sociales, la mujer se ha visto opacada por eldiscurso patriarcal que la somete a las condiciones propias de las mujeres, sin embargo, al final de sus días, anciana y casi un vegetal no hay quien la atienda, desechada como cualquier basura, ¡que ser tan frágil! sí, rodeado alguna vez de belleza y singular simpatía, cualidades que necesitaba para agradar a un buen hombre cuando fuera mayor, pero qué hay más allá de estas cuestiones, se pregunta Flora a lo largo de toda su obra, de que le sirve a las mujeres tener todo lo hermoso, si entre ellas existe esta desigualdad social, no son capaces de tener una idea lógica, dice el filósofo, entonces que son las mujeres, acaso un ser sin alma, como se cuestiono Aristóteles, es por esta y su accidentada vida que Flora Tristán se revelará. Rebelde para su época, decidida, cimentara las bases para un feminismo de lucha por condiciones de igualdad laboral. Al leer nuevamente este fragmento, vino a mi está cuestión ¿será acaso que estás formas de pensar, que parecen retogradas, persisten a mi alrededor, o quizá han cambiado de forma? Quiero creer, al menos, que las mujeres nos hemos dado cuenta que somos capaces de lograr cosas que a nuestras antecesoras no se les permitió, pero porque no percatarnos de las cosas simples que denigran a las mujeres y las exhiben como objetos de placer, o de aquellas que sin darnos cuenta exhiben un prototipo de mujer perfecta. Que patético tener que llevar el color rosa tatuado en la piel, que desagradable ser una mujer devota y fingir adoración ante un dios que le dio a las mujeres los dolores de parto y la impura sangre menstrual, que terrible tener que ser una muñeca que aprendio a cuidar muñequitos. Belleza, juventud, gracia, cualidades necesarias para obtener fácilmente un buen empleo, un aumento de salario, un matrimonio duradero ¿qué hay de aquellas a las que la genética no las favorecio? ¿no les queda más que conformarse? yo no lo sé, toca a ustedes juzgarlo. Pero ¿cuál es fin de las mujeres? ¿luchar y volver a luchar, acaso? ¿continuar la especie? al fin de cuentas lo siguen haciendo y algunas son felices por eso.
[1] Ana de Miguel y Rosalía Romero. Flora Tristán feminismo y socialismo, antología. p. 48-50






