Autora: Lizette González
Advertencia: Este cuento ha sido "exagerado" a partir de un hecho real, sucedido el día 11 Enero de 2008. [2]
Había un cadáver y toda una expectativa a su alrededor. Uno más, sugirió alguien. Así parecía ser, uno más, víctima del crimen organizado tal vez. Seguramente alguna buena persona salió muy temprano de su casa aquel día y al ir por su camino descubrió aquel cuerpo sin vida, por supuesto que dio parte a las autoridades, quiénes enseguida estuvieron en el lugar de escena para hacer las debidas investigaciones.
Decoraban el lugar con cinta amarilla y ponían unos curiosos papelitos de números alrededor de los restos, hombres vestidos de blanco con toda la apariencia de ser científicos respetables tomaban la evidencia posible: que si la sangre, que si el cabello y las huellas…
Pero mientras todo ese movimiento se efectuaba, poco a poco llegaban las aves del necrocomercio, listos para relampaguear sobre la noticia y hablar de ella, justo como lo hago yo en este momento, sin embargo, y sin que exista una explicación lógica, uno de ellos cometió un error que al hombre de azul no le pareció y con herramienta en mano se fue en contra de aquél, arrestándolo inmediatamente tal si fuera un criminal o inclusive, como si hubiera sido el responsable de la muerte de aquél otro.
Compañeros de trabajo protegieron su identidad de otros como él. Y así en un abrir y cerrar de ojos la escena del crimen se volvió vacía, se llevaron el cadáver pero ya no estaban interesados en aquella información. Se corrió el rumor de que el policía había golpeado al indiscreto reportero cuando éste incidentalmente tropezó con parte de la evidencia, una vez que lo había dejado inconciente se lo llevaron a la estación en calidad de detenido. Por supuesto, nada de eso ocurrió tal cual, sin embargo así lo escucharon los televidentes y radioescuchas, así lo leyeron en periódicos y así se lo contaron a Mengano y Perengano. De un día a otro toda la ciudad estaba conmocionada, después de unas horas ya nadie recordaba el verdadero nombre del individuo en cuestión, mientras, el buen agente era juzgado por la ciudadanía y defendido por sus colegas. De pronto era como una batalla, donde la noticia de primera plana se encargaba de poner de cabeza a la justicia, existía una especie de fanatismo, y entre aquel todo nadie recordaba al reportero.
Días después, se sugería que la policía se había encargado de hacerlo callar, algunos otros pensaron que lo habían borrado del mapa. Cuando al fin apareció para declarar que en realidad fue liberado inmediatamente después de su arresto, la prensa quedo detenida por un instante y le regiraron el escándalo del policía villano, al tonto hombre que veía como una ciudad entera hablaba “por él” y no hizo nada por mediar entre ella.
Finalmente se descubrió otro cadáver, uno más sugirió alguien. Y así, el cuerpo sin vida, sin familia, pasó a la fosa común, y nadie dijo nada de aquél.
Uno más, una más para olvidar.
FUENTES:
[1] http://guia.ojodigital.com/displayimage.php?album=161&pos=12[2] http://www.diario.com.mx/nota.php?notaid=93b5849eae1329b8096de97b4f402943


