Antes de la toma de Cuidad Juárez, se puede notar ya la importancia de la fotografía y el cine para probar la veracidad de un acontecimiento, como lo fue en el encuentro entre los presidentes de México y Estados Unidos, Díaz y Taft, respectivamente, en la misma cuidad ya mencionada. Incluso la compañía de los Hermanos Lumière, por medio de sus representantes en México, Los Hermanos Alva, captaron “mil 200 metros de película que contenía las multitudinarias demostraciones de afecto recibidas por el dictador durante el trayecto a Ciudad Juárez”[1], además de que el fotógrafo norteamericano Otis A. Aultman fue el encargado de captar las fotografías del encuentro.
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La llegada de las tropas revolucionarias en Bauche, atrajo a grandes contingentes, que parecía que un gran espectáculo se iba a iniciar, (y por otro lado, también la angustia de los que vivían ahí) pues la lucha armada que se suscitó en Bauche, causó gran expectación y cerca de Cuidad Juárez, varias decenas de norteamericanos en sus coches se acercaron a observar el conflicto, desde la frontera, sin importar el riesgo que cometían. Pero no sólo civiles les llamó la atención, sino que esta traspasó fronteras, pues periodistas, fotógrafos de distintos países, se aventuraron a llegar al territorio del conflicto, “Durante esos días, en las inmediaciones de Cuidad Juárez-El Paso llegaron periodistas de todo el mundo, atraídos por las noticias sobre lo que ahí sucedía, y sus reportajes daban la vuelta al planeta”.[2]
Desde ese primer conflicto, dentro de Ciudad Juárez, la fotografía o los fotorreportajes se volvieron la noticia del día por mucho tiempo, cada acción realizada por los insurrectos, era documentada por todo tipo de personas y con eso el inicio de un enfoque distinto de la fotografía de México.
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