Como todos los huéspedes mi hijo me estorbabaocupando un lugar que era mi lugar,existiendo a deshora,haciéndome partir en dos cada bocado.
Fea, enferma, aburridalo sentía crecer a mis expensas,robarle su color a mi sangre, añadirun peso y un volumen clandestinosa mi modo de estar sobre la tierra.
Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso;darle un sitio en el mundo,la provisión de tiempo necesaria a su historia.
Consentí. Y por la herida en que partió, por esahemorragia de su desprendimientose fue también lo último que tuvede soledad, de yo mirando tras de un vidrio.
Quedé abierta, ofrecidaa las visitaciones, al viento, a la presencia.
Fea, enferma, aburridalo sentía crecer a mis expensas,robarle su color a mi sangre, añadirun peso y un volumen clandestinosa mi modo de estar sobre la tierra.
Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso;darle un sitio en el mundo,la provisión de tiempo necesaria a su historia.
Consentí. Y por la herida en que partió, por esahemorragia de su desprendimientose fue también lo último que tuvede soledad, de yo mirando tras de un vidrio.
Quedé abierta, ofrecidaa las visitaciones, al viento, a la presencia.


