No pretendo hacer una remembranza de la infancia de Sor Juana Inés, porque esas abundan y generalmente hacen de la vida de esta autora, una cosa muy fantástica, que no pretendo quitarle el mérito, pero algunas podrían ser más objetivas. Quisiera continuar escribiendo algo importante acerca de esta autora, mexicana y que se supo oponer a los designios que la sociedad de su época le imponía, apasionada del estudio como ella misma lo dice: “Comencé el deseo de leer muchos libros que tenía mi abuelo, sin que bastasen castigos ni representaciones para estorbarlo”. No podemos negar que la vida de esta mujer fue difícil, sin embargo, para mujeres como ella, con cierta solvencia económica, existía el convento, para ella fue un refugio y puedo obtener cierta libertad, se cuenta que contaba con una celda de dos pisos, sirvienta y biblioteca propia. Numerosos problemas se presentaron cuando ella, Sor Juana Inés, hizo una crítica a un sermón del teólogo Antonio Vieyra, como era posible que una mujer tuviera la osadía de debatir de teología a un hombre letrado como este, sin embargo la valentía de Sor Juana se manifestó y la siguiente frase es parte de su respuesta: “…contradígame quien no esté de acuerdo en mis opiniones, enfrentémonos dos pensamientos, que si el mío es inferior, allí se verá”. Famoso el poema de Sor Juana, donde defiende la capacidad intelectual de las mujeres: Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Es brillante lo que escribió Sor Juana Inés, pero más digno de exaltarse será siempre como pudo oponerse al sistema patriarcal que acababa con las posibilidades de las mujeres.


